Hace apenas una semana, en General Alvear, el intendente Alejandro Molero y el gobernador Alfredo Cornejo inauguraron lo que definieron como “el Polo Educativo Superior más grande de la historia del departamento”. Con orgullo mostraron un complejo de 3.400 metros cuadrados y remarcaron que se trata de la inversión educativa más importante jamás realizada en la zona: más de 5.700 millones de pesos volcados a un edificio que, según Molero, “no le envidia nada a ninguna provincia del país”.
El problema es que, mientras en el sur mendocino se celebraban las cintas cortadas y los flashes, en Buenos Aires el presidente Javier Milei veta el financiamiento universitario. Una postal triunfal que dura poco frente a la realidad, mientras este veto pone en jaque la continuidad de miles de estudiantes, Molero y Cornejo que comparten bandera política con Milei callan ante semejante atropello a la educación pública y el silencio no es neutro: es complicidad.
La contradicción es flagrante: ¿de qué sirve inaugurar edificios modernos si se recortan los fondos para sostener las carreras, pagar a los docentes o garantizar que los jóvenes, sin importar su origen, puedan formarse en igualdad de condiciones? Un polo educativo sin financiamiento corre el riesgo de ser apenas un cascarón vacío.
La educación pública no es un lujo ni una foto de campaña: es la única herramienta capaz de garantizar que los hijos de familias alvearenses tengan un futuro distinto al de la precariedad. Y el silencio local frente al veto presidencial no hace más que evidenciar que, detrás de los discursos, lo que peligra es el derecho mismo a estudiar.
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