En la solemne elegancia de la sala de reuniones de la intendencia, donde las paredes vestían tonos de historia y responsabilidad, se encontró el Licenciado Walther Marcolini, intendente del Departamento de General Alvear, inmerso en la placidez de la hora señalada, en un acto de puntualidad que trasciende la norma y se convierte en una agradable rareza. Ya en los últimos pasos de su gestión municipal, convocó a la prensa para emitir un mensaje en conmemoración del 109° aniversario del departamento. Sin embargo, en ese escenario propicio, aprovechó unos minutos para tejer una retrospectiva de sus ocho años al mando del ejecutivo municipal, caracterizada por un ordenamiento fiscal imperceptible y calculado, un legado que, según sus palabras, «los alvearenses podrán apreciar con el paso del tiempo”.
Aunque no era el motivo primordial, sí era la oportunidad propicia: escuchar una autocrítica. En la política argentina, encontrar muestras genuinas de autocrítica por parte de los líderes es como adentrarse en una selva densa y enmarañada, tarea encomendada a la prensa con un saldo de frustraciones habitualmente. Sin embargo, esta mañana, en ese recinto de protocolos, Marcolini pareció desafiar la norma. La espontaneidad del diálogo y una pregunta no anticipada lo llevaron por un sendero inusual, uno donde la sinceridad era el faro y la improvisación, la brújula. Con su habilidad oratoria como guía, trazó giros en su narración, cada uno casi como un acertijo, que revelaron tímidamente, como quien mete un pie en aguas desconocidas, las sombras de sus debilidades pasadas.
El licenciado en ciencias políticas, apoyado en sus palabras, pareció permitir un fugaz vistazo a lo que no pudo lograr debido a su propia fragilidad en ciertas gestiones. Finalizada la conferencia de prensa, fue necesario escuchar sus declaraciones una y otra vez, ya que a primera vista, su confesión no había sido convincente ni su autocrítica tan sincera. «En los gobiernos, uno establece un ideario de desarrollo y estrategia. Luego, varios factores intervienen en su concreción o fracaso», admite en tono bajo, como si temiera que las palabras pudieran escaparse y volar lejos. «Tanto en el gobierno del presidente Macri como en el presidente Fernández, no logramos concretar proyectos estratégicos. Esos que, en mi opinión, General Alvear debe seguir persiguiendo».
A medida que su relato avanzaba, su cuerpo se convirtió en un telón de emociones. Sus manos, que en otro momento pudieron empuñar el poder, ahora se encontraron juntas al frente de su figura, como si intentaran protegerla. Sus dedos danzaban sobre la mesa, subrayando palabras, transmitiendo inquietudes. La mirada del líder radical rebotaba entre los miembros de la prensa, la mesa, sus manos y el ventanal, quizás en busca de respuestas en el paisaje urbano que yacía más allá. Se inclinaba hacia adelante, sus ojos desafiando a quien se atreviera a cuestionarlo: “ahí si yo tengo una autocrítica, en cuanto a que hay que profundizar esos procesos de desarrollo de planificación y también obviamente construir las relaciones políticas con la provincia y la Nación que faciliten. Un departamento solo si no es acompañado, y en esto creo que es una autocrítica que debe hacer toda la provincia de Mendoza, creo que siempre ha habido una mirada que se concentra en el norte, en el gran Mendoza, y que el sur no es considerado de la misma forma en términos de inversión”.
Sin acercarse hacia un culpable específico, se acercó tímidamente a una autocrítica. Cuando toco la falta de habilidad de los líderes para transmitir ideas a quienes toman las decisiones y administran recursos a nivel nacional y provincial, la primera persona desapareció. En su lugar, hubo una recomendación general, un consejo administrativo de la mente: «entonces ahí la autocrítica que uno tiene que hacer: si ha tenido la capacidad de interesar a los decisores nacionales o provinciales para que puedan colaborar o puedan ayudar en estos procesos de desarrollo”.
Sin mucho más por lo que culparse, buscó refugio en logros. En ocho años, reparar un panorama fiscal municipal que había rozado la catástrofe. «Creo que dejamos un gobierno altamente organizado. Hemos resuelto un problema central, la deuda y la crisis fiscal que pesaban sobre General Alvear. Ahora, es un punto de partida significativo para la próxima administración. Estoy convencido de que los alvearenses comprenderán su valor con el tiempo». Y así afirmó que «no es lo mismo comenzar un gobierno con deudas, juicios perdidos con la AFIP, un parque automotor diezmado, obras públicas paralizadas y salarios impagos, tal como terminó la última administración. Ahora, lo hemos ordenado, ya partir de esta base, se abren las puertas al crecimiento».
También te puede interesar
-
La pelea política la pagan los vecinos: aumentó un 50% la garrafa y el gas natural sigue sin llegar
-
Gasoducto: San Rafael prepara la inauguración, mientras que la disputa política podría hacer que los alvearenses terminen pagando
-
OSEP en crisis: el sur exige igualdad en el acceso a la salud
-
Autonomía a medida, ajuste para la foto y el hambre fuera de agenda
-
Alvear en retirada: el Estado se achica y suma otro cierre
