La Cámpora, el costo interno que paga el peronismo

Las elecciones municipales de este domingo dejaron algo más que números: expusieron con crudeza el daño político, la fragmentación y la pérdida de poder territorial que La Cámpora le provoca al Partido Justicialista tanto en departamentos que gobierna como en aquellos donde ya es oposición.

En Luján de Cuyo, la derrota fue lapidaria. La alianza La Libertad Avanza + Cambia Mendoza rozó el 60% y se quedó con cinco de las seis bancas. La única que salvó el peronismo fue la del candidato tradicional Germán Kemmling, que superó por escaso margen a la postulante camporista. El resultado dejó un Concejo prácticamente monocolor y expuso el rechazo social a las listas cerradas y ajenas al territorio.

En Maipú, aunque el PJ ganó, no logró capitalizar el triunfo: la paridad de fuerzas en el Concejo muestra un peronismo contenido, sin expansión, y condicionado por internas que le impiden crecer. Algo similar ocurrió en San Rafael, donde se conservaron bancas pero se evidenció una peligrosa dispersión del voto. Si los hemanos Félix lograron imponerse en la elección de convencionales.

El contraste aparece en Santa Rosa y La Paz, donde el peronismo logró sostener y ordenar poder cuando priorizó gestión y anclaje local por sobre la lógica facciosa. En Rivadavia, en cambio, la derrota y la pérdida de bancas volvieron a mostrar el costo de un PJ dividido y sin identidad clara.

La lectura inversa también es válida: estos comicios abren una oportunidad histórica. El peronismo puede decidir si sigue pagando el precio de una organización que divide, resta votos y debilita concejos, o si vuelve a las raíces del peronismo de Perón y Evita: territorial, amplio y representativo. La elección fue un mensaje. Falta saber si alguien está dispuesto a escucharlo.