EL VERDADERO CAOS Y FALTA DE PAZ SOCIAL: SAQUEO A LA ORGANIZACIÓN CÍVICA

Estos últimos días han sido tendencias situaciones como “caos, falta de paz social, disturbios, etc”, figuras políticas, medios de comunicación han intentado abrazar la insidiosa táctica de fomentar el caos social y trasladar hechos organizados que se viven en grandes ciudades a nuestro departamento.

Sus palabras incendiarias y narrativas polarizantes siembran divisiones y desconfianza. En lugar de promover el diálogo constructivo, alimentan un clima de hostilidad que socava la cohesión social. Esta estrategia debilita los lazos de comunidad y dificulta el progreso conjunto. El desafío radica en discernir entre la especulación de falta de paz social y el verdadero caos en el que vive el alvearense.

El escenario cotidiano del General Alvear, y la falta de inspección en el tránsito vehicular, comercial y circulación del peatón, llevan al incumplimiento de leyes convirtiendo una ciudad en una coreografía caótica que desafía toda lógica vial. Las calles, las veredas, los frentes de comercios reflejan una falta de organización que raya en lo surrealista.

En este laberinto, comercios instalan peloteros obstruyendo en su totalidad el paso del peatón, gastronómicos utilizan calles y estacionamientos, organizaciones civiles delimitan su espacio de estacionamiento medido sin resolución de las autoridades competentes, cadenas de supermercados hacen oído sordo a los horarios de carga y descarga de sus proveedores, también a la utilización del espacio de las calles ocasionado todo un verdadero caos social desenfrenado.

Las veredas, pensadas como espacios de tránsito peatonal, son ahora potestad de comercios que han extendido sus dominios y logran la incomodidad de los transeúntes. Mesas y sillas se apoderan de aceras y parte de la calzada, creando obstáculos para los peatones y complicando aún más la circulación y el estacionamiento vehicular.

Esta escena urbana caótica no solo refleja una falta de planificación, sino también una ausencia de regulación. La proliferación de infracciones a los comercios parece indicar una laxitud en la aplicación de normativas por parte de la Dirección de Inspección General, área municipal encargada de este orden social. El resultado es un paisaje urbano donde el tráfico convive con la improvisación, y las veredas se convierten en extensiones de algunos restaurantes, porque sí debemos decir que no todos gozan del mismo “privilegio”.

En medio de este escenario, los habitantes del General Alvear se ven atrapados entre conjeturas poco probables sobre desordenes al espacio público. Queda por ver si las autoridades actuarán para restaurar el orden y devolver a la ciudadanía el derecho a transitar sin obstáculos y a disfrutar de una urbe pensada para las personas, no para el caos.