PJ mendocino: ¿unidad real o consenso impuesto?

El diputado nacional Emir Félix encabeza la lista única para continuar al frente del PJ mendocino. Sin embargo, detrás del acuerdo persisten interrogantes sobre la participación, la renovación y el lugar de quienes no responden a la conducción.

En General Alvear, cerca del 80% de los sectores peronistas habría mantenido reuniones para presentar una lista al Consejo Partidario. Pero dirigentes que ya habían integrado ese órgano descubrieron que ahora no figuraban en el padrón, pese a haber estado afiliados anteriormente.

«Iremos a la Justicia porque nos han falsificado la firma para desafiliarnos», señalaron fuentes cercanas al sector. Una denuncia grave que deberá investigarse y esclarecerse.

La lista provincial reúne principalmente a dirigentes del sector de Félix, algunos pocos del Ciurquismo, de Stevanato y La Cámpora quedó afuera. La intendenta de Santa Rosa conservó la presidencia del PJ en su departamento, pero su posicionamiento político, su cercanía con Axel Kicillof y, sobre todo, haber expresado públicamente sus intenciones de ser candidata a gobernadora sin pedir permiso previo parecen incomodar a sectores de la conducción. Para algunos, la rebeldía también tiene costos internos.

En casi toda Mendoza habrá lista única; Guaymallén sería la excepción. Pero la renovación que históricamente reclama el peronismo no consiste solamente en cambiar nombres: exige transformar las formas de hacer política, abrir espacios a la militancia y recuperar las banderas de la clase trabajadora y sus derechos.

La verdadera unidad se construye cuando todos pueden sentarse, negociar, participar, discernir sobre diferentes temas, poder expresar lo que verdaderamente se piensa y ceder en igualdad de condiciones. No cuando la participación depende de aceptar decisiones ajenas sin cuestionamientos.

En General Alvear, las denuncias y el armado provincial reabren un debate de fondo: si las decisiones se toman fuera del departamento y la militancia local queda relegada, la unidad corre el riesgo de convertirse en obediencia a mandatos impuestos, con dirigentes obligados a agachar la cabeza ante la conducción sanrafaelina. La unidad no se proclama: se demuestra garantizando participación, respeto y decisiones compartidas.